domingo, 18 de noviembre de 2007

3. El fin del varano

“En sus canciones, una generación puede sentir en la piel intensamente su época: en su poesía, ochentosa y atemporal al mismo tiempo”: es mediados de enero y, cosas del verano, la misma noche tocan en Río de Janeiro, Chico Buarque, Gilberto Gil, Ney Matogrosso y Barão Vermelho. Diego, un fan de Cazuza, me comenta eso en la fila para entrar al recital de Matogrosso, quien hace poco hizo en vivo algunas canciones de Cazuza, entre ellas “El tiempo no para”, uno de los pocos links de entrada en Argentina al máximo rocker brasilero. Sin embargo, la historia en común con Cazuza va más allá del hit convertido en cortina de tira televisiva: al igual que Miguel Abuelo y Federico Moura, fue un referente de la música pop de posdictadura, pero también un exponente de esa generación a la que la muerte, por causa del SIDA, sorprende en plena juventud.

Tres de sus discos describen como pocos esa tensión entre la esperanza después del largo maltrago y la sensación de que lo bueno se puede acabar rápido: Ideología (1988) y Burguesía (1989) –un cocktail perfecto entre cuestiones afectivas y sociales- y O Tempo não para (1989). En este último las cosas se ponen más densas: es una descripción de época infaliblemente radical, a la vez que un comienzo de despedida. Registrado en vivo, las letras encuentran respuestas en el publico, como el abucheo en “O tempo…” a lo que empezaba a ser la democracia brasilera (“transforman un país entero en un putero/ porque así se gana más dinero”). Pero es en “Faz parte do meu show” (“digo ‘hola’ a un enemigo/ encuentro un abrigo en el pecho de quien me traiciono), la canción que cierra el disco el año antes de su muerte, cuando mejor se vislumbra ese lugar de orfandad generacional que se aproxima con el comienzo de la década siguiente, sensación de cambio de época, de saudades por el fin del verano.
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* este textito fue publicado en el segundo número de THC, en verano del 2007. Mi amigo Ezequiel García escribió otra columna que se titulaba "El comienzo del verano", en donde retomaba la salida de los discos de Virus y los Abuelos, a comienzos de los 80s.

domingo, 4 de noviembre de 2007

2. Sister

“Me parece que es así: que muere mucha gente joven, también por sobredosis. Pero en ese momento justo en mi entorno habían muerto cuatro o cinco personas que yo quería mucho: en el lapso de dos años murió mi hermana, mi primo, mi pareja, otro amante que tenía. Fue como una ráfaga de muerte”, me dice Pablo.
Me detengo bastante en las muertes jóvenes (me obsesiono); esos relatos son, para mí, escenas generacionales. Le pregunto más sobre eso:

Si alguien me diera la opción sin que yo tuviera que cometer suicidio de si querer vivir o morir yo elijo morir, no? No sé…no me…., me aburro un poco.
¿De estar vivo?
Sí, estoy en un momento así como…tal vez lo pienso así, individual. Tampoco me suicidaría…Tengo en mi carta natal un tema así con la muerte. Pienso en maneras, pero no me suicidaría que se yo. Pero si alguien me dice “¿querés morirte o vivir?” y me da la opción así de morir fácil, sin que yo tenga que intervenir, no sé…
¿Siempre tuviste esa fascinación…? (me interrumpe)
¿Pulsión de muerte? Sí.
¿Desde antes de enfermarte?
Sí, sí. Pero ya convivo con eso. Es como algo que ya ni me parece un tema. Soy muy pesimista respecto de la marcha del mundo; me parece que nada va a mejorar, entonces...
Me distraigo buceando por fotologs, chequeo el correo de mis tres casillas y de el del mail clandestino también, reviso la carpeta de spam, hago un llamado de rigor, zapping y me tomo 15 minutos para hacer gelatina. Y vuelvo a leer la entrevista, intento hacer muchas cosas, de improvisar porque no hay nada planeado que quiera hacer. Pero igual caigo en la rutina a una velocidad que me sorprende de nuevo. Llego a la “sección domingo” de la entrevista:
"Siento que capaz nunca estuve muy enamorado de nadie. Tenía una idea del amor de telenovela. Que las cosas no son así. Era muy teleadicto de chico. Miraba todos los teleteatros. Después cuando me fui a vivir solo no tuve más televisión, ni vi mas televisión. Toda la infancia hasta los 14 años no hacía la tarea del colegio y miraba televisión. Llegaba alas 4 de la tarde y veía desde que llegaba a las 12 de la noche todo lo que había: La mujer maravilla, El hombre nuclear, La mujer biónica, El chapulín colorado, la película que pasaran, y ahí forjé mi idea del amor".